La narrativa – La historia que nos contamos, la historia que creamos.

Todos somos experimentadores y narradores en primera persona de nuestra experiencia de vida. Cada uno de nosotros tiene una historia única y excepcional que contar al mundo, una historia compuesta de vivencias y experiencias, recuerdos, anhelos y sueños y que continuamente trenzamos y compartimos. Estas historias o autobiografía personal constituyen un reflejo de nuestro pasado a la vez que vislumbran el presente e incluso proyectan nuestro futuro. Al compartir estas memorias o crónicas con otras personas creamos conexiones, vínculos y un punto de encuentro compartido desde la confianza y sentando base en la propia vulnerabilidad del ser.

Hay historias difíciles de contar, historias en las que sumergirse de nuevo en el recuerdo puede inundarnos de dolor, malestar y sufrimiento. Se narra la historia vivida, la experiencia propia. La narrativa se teje e incrusta de forma incesante en nuestra conciencia e identidad personal, de una forma coherente con el yo. Es esa misma coherencia la que dicta nuestros patrones de comportamiento, nuestros valores y nuestras decisiones.

Como psiquiatra puedo decirte que no siempre lo que percibimos es la realidad; nuestra realidad no es la realidad universal. Todo pasa por el filtro de nuestra percepción. Todos continuamente manejamos una cantidad ingente de información sensorial de distinto tipo que acontece en un mundo que avanza a una velocidad vertiginosa; información que en su mayor parte y casi de forma automática y con gran rapidez procesamos, filtramos, ordenamos e interpretamos en nuestra mente, y a la que atribuimos significados y emociones, muchas veces de acuerdo con experiencias similares ya previamente codificadas en nuestro cerebro.

Todos queremos ser escuchados y todos tenemos una historia importante que contar, una narrativa que no para de escribirse y ser co-creada en el mundo que habitamos. Dar testimonio de nuestro viaje, exponer nuestra vulnerabilidad o simplemente desnudar nuestra alma puede atemorizar, pero también permite ver el reflejo propio en los demás, nos permite ser conscientes de la experiencia humana compartida en todas sus dimensiones; siendo todos diferentes pero interconectados.

Hasta ahora he hablado de la historia propia, de la autobiografía individual, pero ¿qué hay de las historias “únicas” compartidas por una cultura, un pueblo o una nación? Esta pregunta puede ser objeto de reflexión para otro día, pero entraña un potencial riesgo para el desarrollo y perpetuación de estereotipos, prejuicios, etc.

Antes de finalizar esta pequeña reflexión, me gustaría compartirte algunas cuestiones. Te animo a que las explores y te respondas a ti mismo:

  • ¿Cuál consideras que ha sido la historia de tu vida que más impacto ha tenido en el desarrollo de tu ser, de tu identidad e individualidad? ¿Y cómo ha afectado ese auto-relato a tus decisiones? ¿Y a tu visión del mundo?
  • ¿Has experimentado alguna vez los riesgos de las historias “únicas” sobre una persona, grupo, situación o cultura? Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo ha influido esto en tus percepciones e interacciones con otros?
  • Recuerda algún momento en el que compartieras una historia personal con otras personas, ¿Cómo te sentiste al contar y expresar tu historia? ¿Qué efectos tuvo a tu alrededor?

 

Las historias que nos contamos y creamos tienen un inmenso poder, el poder de las palabras que nos decimos. No hay crítico más feroz con la narrativa interna que uno mismo, por ello recuerda e intenta tratarte con autocompasión y hacer del diálogo interno una narrativa más amable y bondadosa contigo mismo, de la que extraer reflexiones y aprendizajes para tu crecimiento y desarrollo personal.

¿Crees que necesitas ayuda para tu desarrollo personal? Como psiquiatra en Murcia, estoy dispuesta a ayudarte. Contacta conmigo y comienza a hablarte y tratarse con respeto y cariño para tu crecimiento personal.